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Tienes llagas en los ojos por el ácido que chorrean. Tu dolor tiene agujetas, y el suicido le invita, le implora y le suplica que se oville en sus abrazos. En el gimnasio se escucha el réquiem de los tendones muertos y desollados que no saben engullir las moléculas de la ilusión, y que tan sólo saben fumar la molicie de los cajones sin rayas de sol, y que tan sólo se concentran en aquellos cronómetros antediluvianos que te susurraban la cadencia de tu corazón. Las mareas de alientos novatos, ahora más que nunca, te hacen vomitar. Apolillas los días secuestrándote entre cachalotes, creyendo que algún día te convertirás en plactoon. Quieres nadar por sus incisivos sin billete de vuelta. Por favor Moby Dick, ven a socorrerme.
Ella no nació para escribir cosas bonitas. Ella, la niña de pecas tristes escucha el gramófono escoltada por la soledad. En sus ojos está el reflejo de unas velas de cumpleaños averiadas, porque ella sabe y recuerda que el año pasado les suplicó una fiesta con la percusión de unas matasuegras, aunque ese ruido estridente dañara sus minúsculos oídos. Por eso les pidió un par de pulmones; por eso ha estado durante todas las tardes trazando dibujos que gritaran el día de su aniversario. Pero tan sólo fue publicidad jabonosa a las sillas de tiza, y las pizarras con cruces, porque no hay nadie. Ningún compañero ocupa el continente de sus pupilas. Busca respuesta en los ojos compasivos de su madre, obteniendo la caricia de su mano azucarada que repele todas las toxinas del dolor. A lo lejos, el gramófono escupe la canción del Parchis, y ese “Cumpleaños Feliz”.Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/