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CICLOTIMIA

He leído tu telegrama. Escueto; conciso, y tan… como diría ¿Exhortativo? Sí, creo que esa es la palabra que también ayudaría a sintetizar tu voz. Escribo por el soborno, porque no quiero ver envejecer en mi recuerdo otra historia sin despedida. No quiero conformarme con tu última palabra. Rechazo como adiós tu “corazón”. Por eso, aquí me tienes, ofreciéndote una burda ventana de azúcar como reclamo. Vil cebo para la sequía de voluntades, pero no se hacerlo de otra manera, así que perdona mi torpeza. Me gustaría prometerte que ahora, a partir de ahora, haré mis deberes de caligrafía, y lo haré en compañía de la luna, aunque las estrellas tiemblen por las muertes de los vagabundos, pero no lo hago. No lo hago, porque sé que mi ánimo camina entre las impurezas de la molicie. No; no quiero agrietar las promesas. Te agradezco el aguijón que me has ofrecido, y la efectividad. Rehuía de este abecedario aglomerado. Lo miraba desde lejos, esperando que algún día pudiera escuchar su música cacofónica, y parece que hoy, ha surgido el milagro, porque hoy tengo ganas de escribir, no de lamentaciones, ni de quejidos, ni de humores negros. Simplemente tengo ganas de escribir. Gracias.

P.D. Las palabras no son gratuitas. Esperan recompensa.
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1 comentario

Penúltimas palabras -

Surtió efecto, y me vale, y me parecen más armoniosas que nunca, más bellas hoy estas palabras que han necesitado de soborno ;-)
Gracias mil, besos mil.
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