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M., la mujer invisible, la que silba baladas de peatones, y bebe la facundia de mi daga, ignora el poder del garfio que tiene, del arpón que esconde, y que ha incrustado lentamente en mi dermis. Ella, M., desconoce las emanaciones melifluas que albergan sus palabras. Ella, M., mastica crema de sesos, y digiere responsabilidades, quizá demasiadas, y es que quizá, ese cupón que compro de exigencias la convierte en proscrita, excluyéndola del país de la magia y los querubines. Y mientras, yo, la pequeña, la efeba de la parábola, le gustaría deshollinar sus gabelas, pero no puedo. Las arandelas son de hierro. Reales. Y yo, debo de recordar que tan sólo soy la heroína de un cómic. Una tunanta.
Quebranto mi promesa. No hay éxito, tan sólo pírricas victorias de un homicidio que tengo que detener, y que azota en mi disciplina. Día extravagante, por lo acontecido, por meter a una vieja en mi coche para guiarme al destino, para que oriente mi sentido al lugar correcto, y me chilla, me grita porque me equivoco de dirección, porque no he seguido bien sus indicaciones: ¡Vete por ahí!, ¡Por ahí! A ella no le importa que sea dirección prohibida, que nos pueda venir un coche enfrente. Ella quiere llegar puntual al médico, y yo sí, me he equivocado. Demora, y perdida de tiempo, pero en fin, después de todo este periplo, llegamos al lugar. Aparco, y sí reconozco que el coche esta mal estacionado, que el morro se sale, y ella, además me lo dice, y me refriega el espacio que me sobra por detrás… Desesperante… Pero bueno, sé que tengo paro!!! Que durante cuatro meses, vosotros, los que contribuís me estaréis ayudando en mi sustento. Gracias. Y mañana, además se presenta crucial, ya que sabré, si he sido admitida en Publicidad. ¿Nuevamente universitaria? Espero que el conjuro de mi brujita no falle. Cruzo los dedos.Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/