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CICLOTIMIA

10 min. para crear...

Me conceden la licencia de 10 min. Ausencia tuya, que tengo que utilizar para encauzar palabras, quizá sin historias y con ventanas opacas. Tiempo que se consume, y se quema, mientras tu no estas, dónde no se pueden reinventar pócimas con lagunas, donde tan sólo existen las sanguijuelas que comen ojos. Se te echa de menos…. La soledad, quizá consiste en no poseer deseos,en utilizar eufemismos al tirar el dado con suerte siete.

Ella, la estudiante mediocre, la que ofrece silencio y siempre se disfraza de soledad, no entendía ese entramado numérico que se encontraba impreso en esas páginas con las que se auto flagelaba al estudiar. No sabía descifrar esas formulas matemáticas de moléculas, átomos y demás partículas que ella consideraba inefables. Y es que, para ella la química es un lastre. Así que ha decidido emprender un viaje con la luz que penetre por esa pequeña apertura que se encuentra en su ojo, y que vosotros denomináis pupila, y sé que después jugará conmigo, que invertirá mi figura, que me dará la vuelta y me pondrá al revés, pero no me importa. Sé que los conos, sedientos de luz alimentaran mi ser, y me dibujaran amarillo, verde, o quizá azul, y sé también que los bastones que albergan su retina intentaran introducirme en la penumbra, reduciéndome a blanco o negro, pero al final, después de ir saltando de axón en axón por todo su nervio óptico llegaré a su mente. Allí, entonces ordenaré danzar a sus hormonas: a la fenitelinina, y a los estrógenos, y dilataré los capilares de sus mejillas, y también activaré sus glándulas sudoríparas para que humedezcan sus manos, y bombearé su corazón con tal intensidad que lo considerar un prófugo de su der. Entonces habrá comprendido la verdadera esencia de la química. Y perdonen mi arrogancia, pero no hay mejor maestro de química que yo.

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El amor

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
aspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
no hallar fuera del bien, centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengano,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el dano,

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengano,
esto es amor; quien lo probo, lo sabe.
Lope de Vega

Negarte...

Vuelves a cabalgar en la rancia cruzada ofreciéndome la alcoba rellena de sonajeros, pretendiendo que vuelva a pescar cerillas en el aguacero de tus ojos, que te rescate de catedrales modernistas, pero no entiendes que yo ahora prefiero los mecheros. Son mucho más útiles. Puedes ver el cosmos en su llama de gas. Quizá el canto de las sirenas aún no ha llegado a las asas de tu taza de té, quizá aún no te has percatado que la noria de agua no gira porque las agujas del reloj la han apolillado. Te repito que las romerías de retratos no sirven para encender bombillas de hostales sin nombre.

"La vida es una lenteja, o la tomas o la dejas"

El día es tuyo: tu recuerdo vuela en el aire, y ahora eres ausencia amarilla. Invisible y etérea. Cuando conocí la noticia, cuando supe que no habría otro “continuará”, que no podría dibujar tus arrugas, que tú ya no serías trotamundos de palomas, ni que llevarías el bastón de los falsos bucaneros no lloré. Continué caminando, y después una semana más tarde, supe que mi chaqueta estaba horadada de las cataratas de tus ojos. Y te doy las gracias por enseñarme la revolución de los sentimientos, por demostrarme que las lágrimas limpian cicatrices, que el amor, a veces es negro, y se disfraza de Muerte, que las vetas de los árboles son la memoria del tiempo, que las guerras son cenizas, barrotes negros, y comida de rata, e incluso a veces aportan color, y es el rojo, el que se escapa de unas manos torpes, y de unos brazos con montañas de hormigas. También me enseñaste panes de oros, y me empachaste de estrellas. Y sé que dentro de los monederos se esconde la dirección del caramelo indigente, que no hay imposibles, porque las palmeras un día acariciaran el cielo…Y si aún buceo más en los tapices que me regalaste, sé que la libertad no se gana con el atlas azul de pistolas. “La vida: piedra, mar y llanto.”

Un beso de tierra abuela. Gracias.

Todos los santos....

Todos los santos....

Peregrinación al camposanto, escuchando el rumor de las ramas con almas. En las casas crepita el incienso de la carne apagada, de una carne difunta con oración seca. Y Danzan los gusanos en la calavera, atravesando la concavidad del mustio recuerdo. Las cruces han congregado una bacanal, y sus intersecciones exhalan las flores del placer: anémonas y crisantemos con llanto de color. Hoy, el pozo del olvido rebosa. Hoy, también es el santo del Leviatán.

Surco la acequia negra de tu ojo. Navego por los grajos de osadías, sin divisar la isla de Sal. Sabes cuál es la orientación perfecta, conoces el aguijón del viento, y además posees el mástil con tinajas de perdigones. Y sabes que es fácil, que cuando sientas las olas de sal debes cortarlas o corroerán tu madera, sabes que los estribores de ósculos no deben interceptar tu periplo, pero aún desconoces la respuesta a los interrogantes del lóbulo de tu oreja.

No siento mis piernas!!!

Creo que aún tiritan mis dientes… Puedo dejar constancia, que, definitivamente la época glacial se avecina: mi nariz roja, mis dedos entumecidos, y mis orejas purpúreas exentas de sensibilidad, lo acreditan… Una noche donde teníamos que avasallar a la clientela de los bares con un discurso de recompensaciones baratas, que se podría reducir básicamente a “Si bebes no conduzcas, que después al final de la noche te damos 20 € en gasolina”. (Aviso importante a los lectores: vean TV1, y TV3, para ver la campaña. Además, también dentro de dos semanas, para deleite del ojo de las féminas atraídas por otras féminas, y para robustos y viriles hombres, les aconsejo que compren el INTERVIU. Allí también habrá quedado constancia de nuestra presencia). Independientemente del frío, se pudo respirar (si es que antes no se había solidificado el aliento), un ambiente agradable, aunque las conversaciones entre los “compis” anónimos, se limitaran a desvanecer el misterio de su nombre.

Conducir por inercia. Acelerar el freno para no huir. Para escapar. No querer llegar a casa, por sentirte derrotada, porque te han observado con ojos inquisitorios, porque esa centinela te ha embriagado de angustia ausentando tu concentración. Te excusas en eso, falazmente, aunque en realidad, tú sabes la verdad, porque tu eres la única que conoces porque has errado, porque tu pusilanimidad te lo ha impedido, y nunca gritas, y nunca sollozas tus penas, ni tus inquietudes, y aún continuas disparando sonrisas oxidadas… Hacer propósitos de enmienda, sabiendo que los vas a quebrantar, y los violas con un deseo deslucido, pero tú los profanas, día tras día… Alentarte con melodías de mariposas ya no te refresca, y es que quizás la putrefacción es ingente, y corroe tus pensamientos sin color.

"Lia" entre tus brazos...

"Lia" entre tus brazos...

Se sentó. Dejó el libro en la mesa: “Te llamaré Viernes”.

El bochorno, y la fertilidad de las horas agrietadas de rutina, la llevaron a encender el ordenador, meterse en un chat y enzarzarse en conversaciones banales, donde la tropelía de los hablantes imperaba. Últimamente, se había convertido en un artificio para estafar al tiempo, y mutilar la pereza. Siempre saludaba a sus interfectos con un “toc, toc?”. Ese era su disparo.

- Silvia, corre que empieza la final!!!.- gritó su hermano.

Interrumpió su andada virtual. Ya proseguiría después, pensó. Ella, nunca fue una gran amante del deporte, pero siempre admiro al séquito, y su filosofía de perseverancia y el tratamiento estoico al que sometían su cuerpo. En más de una ocasión ha intentado someterse a tal doctrina, pero siempre con final póstumo. Ahora ella estaba allí, en compañía de su hermano, admirando la templanza de los más rápidos del mundo, de los vertiginosos caminantes del aire. Menos de 10 segundos bastaron para disipar las dudas de la medalla de oro: Gatlin, contra todo pronóstico, fue el vencedor. Cuando volvió, aún estaba Athena”, una chica con ingenio, que utilizaba las palabras con dinamismo, y que además las arropaba con un gabán azul. La conversación finalizó con el intercambio de sus respectivos correos electrónicos. Dos días más tarde, Silvia recibió un correo de “Athena”, con una frase lacónica: “Sólo quería decirte que te he extrañado. Un besote”. La sorprendió gratamente recibir noticias de aquella desconocida, pues pensó, que a pesar de haberle dado el correo, se reduciría a un agradable puzzle de palabras de una tarde estival. Las andanzas de Silvia fueron rápidamente enviadas a esa desconocida, que le había despertado cierta curiosidad. Y así se fueron sucediendo los días, con mensajes de hadas, de dragones sin fuego, y estrellas de nieve. Y entonces, cuando el destino se lo permitía, cuando coincidían en su mundo, el tiempo se detenía, reduciéndose todo a dos: Silvia y “Athena”. Eran ellas. Sus palabras. Vestigios del pasado. Sonrisas calladas. Manos ciegas, y emociones purpúreas. Y todo, todo se repetía cada vez que se tropezaban en la red. Y Silvia, siempre dibujaba sonrisas cada vez que la bandeja de entrada le ofrecía confidencias de la eterna desconocida, y también castillos de cartón y cuentos de pastillas lunares. Y un día, después de haber descargado múltiples balazos a citas sin sangre, decidieron morder al destino. Silvia cogió el tren desde su pueblo a las 10:15, una hora más tarde estaría en la ciudad condal. “El bosc de les fades” era el lugar escogido para el encuentro.
“Atenea” entro, de manera inquieta, rebuscando por las mesas la señal que la indicará quien era ella, mientras Silvia la miraba en la penumbra, con deleite, y esperando a ser reconocida, observando en esa tacaña lejanía su sonrisa de luciérnagas. El libro fue el detonante. Ese Viernes... y la señal que las unió. Por fin podían verse. Ver sus caras, y respirar el olor que desprendía su piel: el aroma del deseo salpicado de timidez. Después de haber atado millones de palabras, y desgastar sus zapatos en acróbatas de canicas de la Rambla, Silvia se percató que ya no había tren, que las horas de habían deslizado en el tiempo de manera presurosa. “Atenea”, se ofreció para llevarla en coche, proposición que rehúso al principio, pero sin más alternativas en la baraja, acepto el AS que la arrojó. Subieron en el coche, con dirección a Cambrils, el pueblo de Silvia. Media hora más tarde, el coche les falló. Una avería que les obligaba a detenerse y buscar un hostal, algún tugurio de autopista para poder refugiarse y poder pasar la noche.
“Atenea”, la cogió de la mano, y fueron a aquella habitación donde la noche velaría sus sueños, donde tan sólo habría una cama, porque la disciplina del sortilegio así lo quiso. Tan sólo había palabras entrecortadas, vacilaciones de pensamientos, y risas torpes que manifestaban el nerviosismo de ellas. Quizás una noche cualquiera, otra oscuridad a sumar en el calendario, pensaban, pero, ambas, callaban, masticando pensamientos anhelados durante meses, días, horas, minutos, segundos… Y llegó el silencio, y su aliento, su respiración se convirtió en la única música. “Atenea”, miró los ojos azabaches, pétreos, y protegió la frente de Silvia con un púdico y vergonzoso beso, y Silvia tan sólo despedía deseo, apetito de concupiscencias desabridas, y fieras. Ese ósculo fue el inicio de su fuego, de su goce, y de su delirio. “Atenea”, y Silvia, sentadas juntas, encogidas del sonrojo. “Atena”, acariciando el brazo de Silvia buscando la calma. “Atenea” y sus dedos acariciando el rostro de Silvia. Aproximando sus caras para vencer la indecisión, acercando sus bocas, y sintiendo sus labios, y como ambas sentían la humedad de sus lenguas, unidas en sus boca. “Atenea” y su boca líquida, y sus besos de agua, llena del néctar prohibido. “Atenea” y ella, y sus ganas de más… Sintió como “Atenea”, le desabrochaba su camisa, y como sus manos recorrían su cuerpo, como su dermis quemaba con el roce de cuerpo, y de su carne. Silvia sentía como sus manos caminaban por su piel, dibujando países de estrellas y planetas sin horizontes. Silvia temblorosa, estremeciéndose del mundo ignoto, vibrante de querer descubrir guaridas secretas, de ser una arqueóloga de vías romanas, y entonces “Atenea” la quito el sujetador lentamente, sin desviar sus ojos. Ahora Silvia se encontraba desnuda, con sus pechos al descubierto, y mientras “Atenea”, agarrando su imagen en su retina, reteniendo la voluptuosidad de su esencia. Y ahora su lengua lamía su cuerpo, acariciaba con deseo cada centímetro, cada contorno, mientras Silvia gravitaba en laberintos de nervios, y glotonería de impudicias. Y ahora Silvia la desnudaba con titubeos, con inocencia, con timidez y reserva, descifrando el enigma de su cuerpo, tocando con cadencia, todas sus teclas, mirando la obra de la naturaleza, y escuchando el adagio de sus alaridos. Y ahora “Atenea” y sus manos, y la cintura de Silvia, y el botón que denuncia más.. y “Atenea” destapa su sexo, y Silvia el suyo, y las dos desnudas. Despojadas. Libres. Sin grilletes. Y dos cuerpos. Y dos sexos que chocan. Dos mujeres que se abrazan bajo las sábanas, y los dedos que vuelven a querer ser protagonistas, bajando por el ombligo, anhelando llegar al final de la ballesta que promueve el ombligo, acariciando la privacidad más arcana, y fue entonces cuando Silvia la sintió dentro, como sus dedos habían penetrado en su secreto, y ella cerraba los ojos para sentirla con más fuerza, para escuchar los latidos de su corazón… Y ahora Silvia demandaba, solicitaba ser la exploradora. Y sus dedos la acariciaban. Se colaban por su inmensidad sintiendo su humedad, sintiendo como su sexo se llenaba de lunas. Y ahora Silvia y su lengua, y el sexo de “Atenea”, que lo lamía, que lo chupaba, que lo absorbía, que jugaba con sus ondas, y los meandros de todo el río que brotaba de su interior. Y “Atenea”vibro. Todo su cuerpo tembló y berreo la canción del deseo, y fue entonces, Silvia, la inocente, paro. Y ambas se abrazaron, protegiéndose de brujas, y hechiceras ponchas, rodeando sus cuerpos, ciñendo el mundo de estrellas que habían visitado, donde las adivinanzas y los secretos de niños tienen dos rombos.
Y “Atenea”, después salto al púlpito de la carretera, camino a la estación olvido, con los ojos anegados en lágrimas, y con la cicatriz de su cuerpo. Su último adiós. Su “The end” de aquella historia con demasiados puntos seguidos y perseguidos.

(Disculpa mi demora, y por haber transgredido la promesa del tiempo).

Heidi en el campo...

Día bucólico y campestre, donde nos hemos convertirnos de manera momentánea, en pequeños bufones de nuestros vecinos de parilla, pero nuestras habilidades con el fuego, han patentado nuestra procedencia. Sí, somos chicas de ciudad, qué le vamos hacer… (Pijas, insoportables, e insuficientemente preparadas para sobrevivir en la selva, creo que con decir que ahora que se me ha roto el microondas, el echo de calentar la leche en un cazo, me ha transportado a la mismísima prehistoria. Y bueno, qué contar en el momento que mi acceso a Internet esta vetado, ya sea bien por cuestiones de organización familiar, o por el eficaz servicio de Wanadoo, entonces caigo definitivamente en una depresión total…). En fin, chicas sin fuerzas para dar la vuelta a la carne (el asador pesaba mucho), sin papel de plata para las patatas, sin pinzas, y sin madera para encender el maldito fuego. Escena lamentable, y cómica, que ha despertado la estupefacción de nuestros “compis”. Ahora eso sí, con la ayuda de ellos hemos salido victoriosas!!!Después me he evadido un poco de las conversaciones adultas, y he optado por jugar con los dos peques. (Es que últimamente enseguida me aflora un sentimiento maternal… y la verdad, creo que me lo tendría que mirar, ya que antes yo era “Anti-niños”!!. “Quizá es que una hecatombe se aproxima…”). Después vuelta para casa, con música acompasando nuestros pensamientos. ¿Y que pensaba yo…? Bueno, la verdad hacia valoración general respecto al día, y era bastante positiva, aunque también con ciertas dosis de nostalgia, porque allí fui una vez con Y., Ayer me excusé con ella por obligaciones universitarias, pero creo que es tontería mentir, y mira, no fui, porque no quiero sentirme utilizada, y sí, podríamos haber pasado una noche amena, lo reconozco, pero está el después, donde tu te quedas con C. y yo sola, he ahí la diferencia. Y M., qué contar de M… (qué por cierto, aún tengo que hacer el relato!!)M. es un pequeño ángel, y no sabe toda la ayuda que me aportan sus palabras, y el saber que esta ahí de alguna manera (No creía yo que este mundillo virtual pudiera tener tantos efectos). Muchas veces pienso que no se lo agradezco lo suficiente, pero verdaderamente es un solet de persona. Bueno, y me despido ya de aquí, que me están esperando… Gracias a mi particular 23, que nunca me defrauda, y un (pi) de gracias a M.

PEQUEÑAS RECETAS PARA SONREÍR

1.- Jugar en la montaña con los hilos de tu eco.
2.- Tatuarte el pentagrama “Abrazo”.
3.- Escuchar la sinfonía del viento.
4.- Cazar estrellas de cristal
5.- Mirar las constelaciones: Alegría, Felicidad, Amor.
6.- Masticar la paz de un eclipse lunar.
7.- Maquillar todos los días con polvos de ilusión y rimel de auroras.
8.- Plantar huertos de nubes, y mirar como crecer, como se hinchan, y saborearlas en tu boca….
9.- Colgar los gritos oscuros en un sicómoro.
10.- Hacer una ensalada con el verbo y la palabra.

(Se admiten sugerencias..)

¿Ganaré el juicio?

¿Ganaré el juicio?

Me han acusado de témpano, calumniado por construir murallas, difamado por hacer un somero adiestramiento de la ironía económica. También se han querellado conmigo porque no creo en la Eternidad, y pienso en Hoy. Mi entusiasmo volátil, tampoco se ha librado de tales denuncias. La anarquía que rige mis actos, mi habitación, y mi ética, se escapa por los intersticios de sus dedos. Las demandas también circundan sobre mi aspecto desaliñado, y mi austeridad en el trato con la plebe. Alego ausencia de vicios. ¿Ganaré el juicio? Sí, este pleito es mío, (y sin necesidad de Ally Mcbeal.)

¿Qué te levanta de la cama?

¿Qué te levanta de la cama? La mayoría de ud. sin muchas divagaciones en torno a la pregunta, dirán que el despertador actúa como manivela de sus membranas visuales, pero a veces, ni ese ruido ensordecedor puede indultarte del letargo. Después, cuando tienes el cuerpo entumecido por el secreto, cuando has escuchado el tartamudeo de tus anillos en la losa, cuando ves que el cuerpo se deforma lentamente en protuberancias de catatonia, te planteas escribir un desenlace de manera inminente. Sesgar la violencia. Matar al terrorismo colegial que aún te devasta, y te desgarra. Sabes perfectamente que quieres aplastar todos los caparazones de babas que invaden tu cuerpo, pero (¿por qué siempre tiene que haber un pero en todas las historias?), tienes anemia en el contorno de tus pestañas. Tienes los ojos de ladrillos de hastío. Estás carcomida por el abandono. Optas por recetarte píldoras de Biblia y versículos decimonónicos. Tu único amuleto son unas alas de un murciélago que estornudaba estrellas… Tener demasiadas lágrimas de cebolla resbalándose por el rostro, demasiados intentos fallidos de reducir la vida en cáscaras, demasiados juegos malabares que acaban sin público… Vas al lavabo para obtener refugio. Él es tu regazo, quien te estrecha.. y tu le correspondes, y le indemnizas con tu verdad. Él, es el único que conoce tu desnudez, quien conoce tu dogma, aunque también de manera opaca y turbia. Tan sólo se la ofreces cuando su ojo esta velado por el sudor que le da la fiebre de tu agua, cuando la canícula le ha salpicado su ventana, porque tú no quieres leerte en él. Es demasiado doloroso…

De pequeñita nunca me gustaron las ambulancias. Siempre odie sus luces y su sonido agrio. Hoy, sé por qué. Sé la verdad. Son la muerte, y yo la he visto.

¿Muerta de sentimiento y seca de palabra?

¿Muerta de sentimiento y seca de palabra?

Después de haber estado sopesando todas las consecuencias que se pueden derivar del viernes/sábado, he tomado una decisión: no compraré un billete empapado de mentira. “No te pido la luna, tan sólo estabilidad, y seguridad”. Pero no acabas de entender que yo, soy una persona gris, que no tiene un conejo en la chistera para regalarte, que no sé de conjuros ni pócimas mágicas, que tan sólo canto la sinfonía de mis defectos, que tan sólo tengo un pulmón de hierro como aval, y lo pero de todo es que no soportas que, poco a poco, vaya reconstruyendo mi pecera de leviatanes, que yo pueda ir franqueando los ojales de tu camisa, que esquive tus gemidos con un silencio, que no saque mi florete para atrapar la rata, ni hable con las hormigas lulas. Te ofreceré un embuste, una excusa barata, pero no quiero que mi número 23 quede marcado por el dolor.
Y hoy, camino por el margen, por el borde del abismo, inspirando el vacío, observando la galería de la soledad, de la muchedumbre sin alas. Y siento que tengo las manos agrietadas de dudas, y siento los ojos fecundados de letras, que mi vientre grita la canción del averno, que mis pies están congestionados de pasos no dados, que nunca entenderé el álgebra, ni los polinomios, y que nunca, nunca sabré despejar la incógnita de las ecuaciones… Sí, lo sé, soy una onanista de la vida, y una ninfómana de las palabras. Y hoy, intento archivar los pellejos de las amapolas, esconder los girasoles de la casa azul, y que el remordimiento no triture mi intestino. No infectarte de culpa. No cometer delitos, ni ser una suicida. Ser yo.

Asesinas del silencio...

Nunca creyeron en el destino, y la única señal que les permitía ver era un STOP. Optaron por saltárselo. Dos coches, un segundo, y un golpe. Las copilotos estaban completamente magulladas, teñidas de sangre, y engrasadas de dolor. Un simple hilo las mantenía atadas al mundo profano. Las conductoras salieron ilesas, sin un rasguño. Saltaron del vehículo, y se abrazaron, y siguieron caminando por la carretera, sin escuchar el cordón de vida…

(No me olvido. Estoy en ello).

Me han propuesto un nuevo juego, donde soy yo quien impongo las reglas. Soy yo quien puedo edificar la Torre de Babel, o destruir el edén. Soy yo quien lanza el dado al aire con la esperanza que me de una respuesta, que me diga si tengo que avanzar casilla, o quedarme en casa, aunque marque cinco. ¿Dar la partida por perdida? Creo que tendré que valorar las capacidades de mis oponentes, y ver si les sonríe la suerte. Sé que el azar no me contestará, y que aquí no hay cara o cruz, pero no sé si quiero gastarme todo el dinero en la carrera a ese caballo que anda cojo.

Para la gente sin brújula...

A veces te encontrarás sola, con carencia de compañía, y te veras postergada a vivir en la nostalgia. Te encontraras con la obligación de existir con un suplicio, con una tortura horrenda e inhumana. Quizá, para olvidar, empezaras a rememorar tiempos pasados, pero recuerda, que no tienes a nadie a tu alrededor. Estas rodeada de un silencio devastador.
Por eso, quiero que sepas que, la soledad esta continuamente viajando, deambulando entre todos los de nuestra especia y mientras dure su sinuoso camino nos vigilará, nos observará detenidamente para hacer su particular elección. Escogerá un alma débil, frágil y lánguida. Introducirá en ella su esencia y poco a poco ira evolucionando en el interior de su cuerpo. Posteriormente se expandirá dentro de su organismo, llegando a gobernar todos los rincones de su efigie. A partir de aquí el camino que le espera al individuo es largo y maquiavélico, un proceso de gradual deterioro donde no existe la posibilidad de volver atrás, y será cuando la soledad haya vencido en la batalla: su presencia será nula para todos nosotros. Será un ser indiferente.
Yo, ahora, te voy a pedir un favor. Cuando seas su víctima, lucha. No te rindas. No quiero oírte pronunciar las expresiones de una persona abatida, sin aliento para combatir y abocada al fracaso porque sino vivirás muriendo. Así que te exijo a no decir nunca: “no puedo más” o “aquí me quedo”. Sé que a lo largo de la vida te hallaras con momentos difíciles, quizás desearas no haber nacido. No existir. No vivir. Pero en este juego no podemos dar marcha atrás, no podemos retroceder. La vida solo sigue un camino. Siempre va hacia delante. Y aunque te encuentres asediada de conflictos. Saturada de dilemas. Sin alternativa alguna. Aunque te sientas olvidada, perdida o sola: vive.
Y si te dicen que la vida es un acontecimiento fatuo, donde la felicidad es una utopía, una ilusión vanagloriada, y un simple mito, pues no te lo creas. Ignora sus palabras. A pesar de todo, estoy segura que encontraras amor y también tendrás amigos. Y mira en tu interior para ver tu verdadera esencia. ¿Qué ves? ¿Sueños, ilusiones? Pues haz que se cumplan. Están en tu mano. Sólo tienes que luchar y no rendirte.

Y recuerda pequeña, VIVE!!!

La oveja negra...

La oveja negra me silbó el sigiloso poema del destino, y lo guardé en el bolsillo. El resto de la manada no la entiende. Creen que no siente, que no se conmueve, que su único enamorado es el ego, pero yo sé que es mentira, que se trata de un embuste para que muera en soledad, porque no soportan que la excéntrica supure alegría. Y el rebaño la ofrece una mirada distante, y la condena a los suburbios, porque no come hierba, porque no mastica el forraje del pastor, porque creen que está pecando cada vez que abre la boca para arrancar un trozo de carne. Ella es diferente, la única que pelea con el coyote. Y sé que somos iguales, y que ambas lo sabemos.

Sin baldosas...

Sin baldosas...

Ayer, el cielo escupió cenizas y cebollas negras, mientras un olor mortecino bailaba al derredor de las farolas, sin el adagio de la gaita. Su flauta no podía babosear el romance de la luna, ni la lágrima del arlequín. Todos sus orificios atascados. Todas sus aberturas taponadas. Todos sus hocicos hinchados de lagunas blancas, tupidos de larvas, y lombrices de escuela. Y su pulmón inhalaba esperanza. Bostezaba al fénix de la savia. Una burda lucha maniquea, que el juglar no entiende, que se le escapa entre los intersticios de sus dedos, y que se zambulle en su iris. Ayer un poeta, preocupado por la disyuntiva interior que cubría su alma, intento ayudarle. Le preguntó sobre su acicate diurno, y fue entonces cuando se dio cuenta que no había un pentagrama en su vida No tenía notas: ni corcheas, ni blancas. Sólo el silencio. Y lo peor de todo es que no tenía más cemento para poder continuar poniendo más baldosas amarillas