Voy a la pastelería, secuestrada por la nostalgia, y compro dos velas. Quemo el recuerdo, las reuniones de tus futuros perfectos, las fábulas de tus servilletas, y el automatismo de tus eslóganes para comprarme. Los fluorescentes de tus “Te quiero”, ya no iluminan mis calles. Oxidaste las palabras, envileciste los verbos, y asustaste a las promesas. Has sido una asesina de las letras, y de sus disfraces. Querías su desnudez, y que las privará de sus gabardinas de versos, y sus sombreros de copa. Y aborté. Malparí. Y las maté sin escrúpulos. Y te mostré un nuevo óvulo de garabatos. Y él, caminaba descalzo, limpio, impúdico, enseñando su sexo, y bebiste de él, absorbiste su almizcle, su néctar, pero nuevamente sacaste el escarpelo para arrancar ojos, y triturar manos. Pero tú ansiabas más suspiros, y codiciabas más lamentos. Con mirada pagana, vistes como escupía alfileres por mis ojos, y chinchetas desinfectadas de ironía… y recordaste el tonelaje de mis huellas. Siempre mirando atrás… Hoy, tú, caminas entre vacilantes talones, mientras desconoces mis estancias en Grecia, y mis pláticas con Homero. Me ha advertido de las anemias que sufren tus veracidades. Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/