Llamo a la Universidad, con nerviosismo, intuyendo que lo único que voy a obtener será una negativa, otra censura más, pero esta vez mis dotes adivinatorios se equivocaron. Tengo plaza, y me convierto en neófita de las letras. Estoy contenta, y me deleito en sueños futuros, y basiliscos ciegos. Inmediatamente llamo a M. y la informo. Ella, no tarda en declarar su contento, pero yo estoy ausente, corriendo, y sudando toxinas. Aplacando la cepa que llevo dentro. Y requiero de ella, y necesito de ella, y sin saber por qué selló su número en el teléfono. Y vemos como las palabras se resbalan por nuestras bocas, y no hay manos que las atrapen, y nos enredamos en soplos arcános, ignorando el tic –tac del reloj. La batería, mi batería, pone punto y final a nuestra orquesta sinfónica, pero no sin antes haberla prometido un café, una visita a su ciudad negra, pero el destino me tenía previsto un desfalco a mi contrato. Mi corazón completamente agrietado, llorando plasma por los ojos, estallando su eco en mis oídos, enrojeciendo todo mi cuerpo, tiñéndolo de suburbios clandestinos, y de historias recónditas, y trémula, intentando apagar el frío con jirones de telaraña, mientras mi piel enardecía por segundos… Camino a urgencias, con J., con mi compañero de aventuras. Una inyección, pastillas, y relaj. Diagnóstico: un soplo, y aceleración en latidos. Así que visiono una nueva etapa de batas blancas, radiografías, y TAC. Como en mi tierna infancia…
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Autor: gi
Fecha: 03/10/2004 12:40.
Autor: judit
Fecha: 03/10/2004 13:42.
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